Mi infancia son recuerdos de un vetusto Colegio Diocesano: San Andrés. Anclado en la leonesa comarca berciana de Vega de Espinareda, allí estudié y me hice mayor. Pero donde yo nací es en Friera. Hermosa aldea a orillas del río Sil y atravesada por el río Selmo. Pueblo berciano, desde donde ya se huele a Galicia, aquí aprendí a jugar al escondite, a a la billarda, a pastorear un rebaño de ovejas, a reconocer el canto del cuco, a sembrar para recoger, a trabajar para comer....Mi tío Celestino decía: en esta tierra puta, el que no trabaja no manduca. Y es algo en lo que hasta la fecha no he podido llevarle la contraria. De nombre me pusieron Roberto. González por mi padre y Gómez por mi madre. Si alguien se pregunta cuánto hace de esto, pues....allá por el 1968. Me enamoré de un robot maravilloso llamado Mazinger Z. Lloré desde el primer episodio de Marco hasta el último. Intenté verle las bragas a Heidi poniéndome debajo de la tele. Y me harté de ver pelis del oeste en un cine de colegio, donde los abusones siempre cogían los mejores sitios en la sala. En fin. Muchas cosas en muchos años. Eso es lo que tiene de bueno el hacerse mayor. Supongo.
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